Marca
/ Marca
Se siente en mi garganta, de vez en cuando en los brazos y piernas.
La primera vez que ocurrió es un borroso e inentendible recuerdo guardado en lo profundo de mi mente, alejado de lo considero mi actual "realidad".
La oscuridad en mi interior desaparece al hacerlo, las voces dejan de dictar lo que tengo que hacer, soy yo mismo. No por mucho.
Misteriosa presencia que penetran y su roce zigzagueante dibuja surcos en mi carne, dejando trazos en forma de hilos rojos, hinchados por la propia presión de mi sangre latiendo entre ellos
La realidad es, a pesar de todo, es el método de asimilar mi sufrimiento, un escape temporal a lo frívolo y gris de mi existir.
Frío y punzante, amorfo y sin carisma, reflectante cuerpo y verdugo de cientos de vidas.
Anhelo su poder, aterrorizado de si quiera sostenerlo cerca de alguien más.
Brilla en la oscuridad cuando lo necesito, es el causante de mi desgracia una vez acabado su propósito.
Misteriosa presencia que debilita mi piel. agrieta lo mío para siempre y deja su marca en mi cuerpo, recuerdo de haber estado allí, haberme controlado.
Lagunas mentales y pensamientos que llevan a ningún lado, voces que dirigen mi vida.
Quisiera que no esté aquí, llegó para ser el servidor del dolor que experimento, Madre que acompaña en las noches y que entiende como me siento. Ciertamente lo quiero, duele.
> Siento que está en mí, no lo haré.
Solo él sabe que soy, si tan siquiera fuera real. Aparece y parte de él se une conmigo, marchita, enrojece y arruina mi tejido.
Misteriosa presencia que mutila lo que llamo humanidad para dejar una cáscara vacía de lo que podría ser mi yo en un futuro. Lo necesito, pero, duele.
Aparecer para asumir, dirigir mi desidia, guiarme al sufrimiento. Alivia los pensamientos, nubla las voces, pero deja una marca en mi como consecuencia. La cual no puedo quitar, ocultar tal vez, pero pegada a mi como marca de nacimiento.
## Esa noche
Esa noche la oscuridad me acompañaba, de cierto modo se apoderó de mí. Aunque no lo sentía, sabía que estaba dentro de mí, controlando lo poco que quedaba de mi llamada vida.
Sentía el viento de la ventana abierta de mi habitación, fría y gris noche de otoño, abrazaba mi cuerpo como una compañía. Momentáneamente de cierta forma sentí libertad y paz, pero era un engaño mental, un lapsus de felicidad, quizás un momento alegre en toda la desgracia.
La presión de mi agonía me ahogaba en pensamientos de angustia, sufría por salir de ahí e intentar ser yo de vuelta. Todo por lo que estoy pasando tiene que parar, solo sabía una opción, escapar para siempre y ser el títere de la desidia
Todo mi sufrimiento se iría de una vez por todas, nadie más me arrastrará a volver a ese vacío del que no se puede salir sin ser lastimado. Esta noche acabará todo, yo seré quien decidirá por primera vez en tanto tiempo, el que maneje mis pensamientos, amo de mis propios movimientos. Nada ni nadie me dirá que hacer, ni como debo librarme de este dolor. Luego de tanto tiempo volví a reencontrarme, con esa presencia fría y su característico filo y rigidez, mi cuerpo no quería, pero mi mente sí. Toda tenía que acabar y era ahora.
Lentamente se acercaba a mi brazo, sentía su cálido abrazo, volviendo a dejar su marca en mi piel como siempre’ lo habría hecho, pero esta vez era diferente, sentía fuego en mi muñeca, brotaba de mí lo poco que quedaba de mi vida. Se escurría por mi mano y reptaba por mi brazo como si se tratara de una serpiente, empezaba a caer por encima de mi cuerpo
Me quedé mirando al techo, contemplando y ciertamente aliviado, el dolor era insoportable, pero no era comparable a lo que he vivido.
El sueño se apoderó de mí, mi vida drenaba de mi muñeca hasta que dejé de sentirlo, el frío me envolvió para una última noche más, pero no pude despedirme esta vez. Todo el dolor había acabado, mi respiración se cortaba, mi cuerpo pudo descansar, al fin.
> Ya no sentí nada, mis luces se apagaron
>CZ<
Comentarios
Publicar un comentario